¿Flojerа o angustia? Antonia Martí explica qué significa cuando un niño no quiere ir a clases

No siempre es flojera: lo que realmente puede significar que un niño no quiera volver al colegio

El regreso a clases suele asociarse con útiles nuevos, horarios renovados y expectativas familiares. Sin embargo, para muchos niños no es un momento emocionante, sino una experiencia cargada de ansiedad, resistencia y silencio emocional.

¿Cuándo esa negativa a volver al colegio deja de ser un simple desgano y se convierte en una señal de alerta? La psicóloga Antonia Martí, especialista en violencia juvenil y directora del máster en Acoso Escolar y Mediación de la Universidad Internacional de Valencia, lo explica con claridad: “Cuando un niño que antes iba bien de repente dice que no quiere ir al cole, debemos prestar atención”.

Cuando el “no quiero” es un mensaje emocional

Según la especialista, tras las vacaciones es normal que a algunos niños les cueste adaptarse a los horarios. El problema aparece cuando ese rechazo se prolonga más de dos semanas. En esos casos, podría haber algo más profundo detrás: ansiedad, conflictos escolares, sobrecarga académica o incluso acoso.

Muchos niños, explica, anticipan el malestar que sienten en el entorno escolar y prefieren evitarlo. “Saben que cuando vuelvan regresarán también los problemas, el insomnio o la angustia, y por eso aparece el rechazo”, señala.

El papel silencioso de la tecnología

Otro factor que influye es el uso intensivo de pantallas durante vacaciones. Pasar de horarios flexibles y conexión constante a rutinas estrictas puede generar irritabilidad, cansancio y bajo rendimiento. Aunque la especialista aclara que un niño emocionalmente estable suele adaptarse, advierte que el uso excesivo nocturno de dispositivos puede agravar la resistencia a volver a clases.

Errores comunes de los padres antes del regreso

Muchos adultos, con buenas intenciones, motivan a sus hijos hablando de útiles nuevos o del reencuentro con amigos. El problema no es el mensaje, sino el momento. “Solemos olvidar empezar con antelación la adaptación a horarios, rutinas y hábitos”, explica. Cuando todo se deja para el final deberes pendientes, horarios caóticos, pantallas sin límite el niño inicia el curso ya estresado.

La clave, dice, está en la preparación progresiva: adelantar la hora de dormir, reducir pantallas, retomar lectura diaria y fomentar contacto con compañeros antes del primer día.

Señales de alerta que los padres suelen ignorar

No todos los signos de malestar son evidentes. Martí recomienda observar cambios de conducta sostenidos: tristeza persistente, aislamiento, llanto fácil, irritabilidad, inseguridad o rechazo a actividades que antes disfrutaban. También alerta sobre señales físicas como dolores de cabeza, pesadillas o insomnio.

Un indicador especialmente importante es cuando el niño dice que todo está bien, pero su comportamiento muestra lo contrario. “Es más preocupante el que dice que sí quiere ir, pero vemos miedo y angustia, que el que expresa claramente que no quiere”, afirma.

La etapa más vulnerable

La preadolescencia y adolescencia temprana son momentos críticos. No solo coinciden cambios académicos, sino también físicos, sociales y emocionales. En esa etapa, el regreso a clases puede intensificar inseguridades personales o dificultades para encajar en el grupo.

El impacto que dejó la pandemia

La especialista señala que la pandemia marcó un antes y un después en la socialización infantil. Muchos niños perdieron años clave para desarrollar habilidades sociales y algunos encontraron en casa un refugio frente a situaciones de acoso que luego continuaron en el entorno digital. Como resultado, han aumentado los casos de ansiedad y dificultades de relación presencial.

El factor familia: modelar el cambio

El miedo al colegio no se hereda genéticamente, pero sí se aprende emocionalmente. Los niños observan cómo reaccionan los adultos ante los cambios. Si ven ansiedad o preocupación excesiva, interpretan el regreso como algo amenazante. Por eso, el ejemplo parental es fundamental para enseñar estrategias saludables de adaptación.

La clave final: acompañar sin sobreproteger

Para Martí, la mejor herramienta es el equilibrio: ni abandono ni sobreprotección. Cada niño necesita un tipo distinto de acompañamiento. Algunos solo requieren apoyo inicial; otros necesitan presencia más cercana los primeros días.

“Lo importante es que sepan que estamos ahí para ellos”, concluye. Comunicación abierta, validación emocional y presencia activa son, según la especialista, los pilares para transformar el regreso a clases en una experiencia segura y positiva.