Lo que nadie te dice cuando decides emprender: el proceso interno que nadie muestra

La decisión de emprender no llega con aplausos. Surge en silencios, dudas y pequeños momentos de la vida cotidiana, y muchas veces llega antes de que nos sintamos realmente listas para afrontarla.

Emprender es, para muchas mujeres, un acto íntimo que no suele venir acompañado de reflejos externos de aprobación ni de certezas absolutas. No nace con luces encendidas ni con discursos preparados; aparece en el silencio de una madrugada, en la pausa mientras se lavan los platos o simplemente cuando una idea se niega a desaparecer.

Esa sensación, que puede parecer insignificante para quienes no la han vivido, es en realidad el primer paso hacia un camino que exige valentía, paciencia y constancia. Así lo ha observado la comunicadora y testigo de múltiples procesos de emprendimiento, Marien Cachay, quien ha estado cerca de mujeres justo en ese momento el instante exacto en que una decide empezar.

“Hay mujeres que dudan de sí mismas incluso cuando ya han hecho tanto. Mujeres que sienten culpa por querer más, miedo por empezar de nuevo y vergüenza por no saberlo todo”, señala Cachay.

Más allá de la imagen en redes

Emprender no siempre se parece a lo que vemos en las redes sociales: no es lineal, no es glamoroso. Detrás de cada historia hay días de cansancio, de aprendizaje constante, de preguntas interiores y de incertidumbre. Preguntas como “¿estoy exagerando?” o “¿de verdad puedo?” son frecuentes, pero la decisión de avanzar —aunque sea a paso lento— es lo que realmente define el proceso.

Según Cachay, muchas veces el obstáculo más grande no es el mercado ni la falta de recursos, sino la voz interna que insiste en que aún no es el momento, que quizá hace falta estar más preparada o esperar una señal definitiva. “A las mujeres nos han enseñado a estar listas para otros, pero no siempre para nosotras mismas”, apunta.

Escucharse para comunicarse

La experiencia de acompañar a emprendedoras ha dejado una enseñanza clara: cuando una mujer se permite contar su historia sin disfrazarla, algo cambia internamente. La comunicación auténtica no empieza hacia afuera, sino desde adentro, desde ese reconocimiento íntimo de lo que realmente se siente y se quiere construir.

Apoyar a una emprendedora, subraya Cachay, no se reduce a decirle “tú puedes” desde la distancia. Implica:

  • Escuchar sin corregir
  • No minimizar los miedos
  • Validar el proceso sin exigir perfección

Porque nadie crece desde la exigencia constante.

Un mensaje para quienes están en el camino

Esta reflexión está dedicada a esa mujer que quizá no sabe si va por buen camino, pero sigue adelante. A la que no se siente fuerte, pero lo es. A la que no busca ser un ejemplo para otros, sino fiel a lo que siente.

“Emprender, a veces, es solo eso: escucharte y no traicionarte. Y créeme, eso ya es muchísimo”, concluye Cachay.

Muchas veces el mayor obstáculo no es el mercado ni el dinero, sino la voz interna que nos dice que esperemos un poco más. Que todavía no. Que mejor después. A las mujeres nos han enseñado a estar listas para otros, pero no siempre para nosotras.

Acompañar a emprendedoras me ha mostrado algo muy simple y muy poderoso: cuando una mujer se permite contar su historia sin disfrazarla, algo se ordena por dentro. La comunicación no empieza afuera; empieza en ese gesto íntimo de reconocerse.

Apoyar a una emprendedora no es decirle “tú puedes” desde lejos. Es escuchar sin corregir, no minimizar sus miedos, validar su proceso. Porque nadie crece desde la exigencia constante.

Hoy escribo para esa mujer que está en medio del camino. La que no sabe si va bien, pero sigue. La que no se siente fuerte, pero lo es. La que no busca ser ejemplo, solo ser fiel a lo que siente.

Emprender, a veces, es solo eso: escucharte y no traicionarte.
Y créeme, eso ya es muchísimo.

Marien Cachay