Los recientes terremotos registrados en Venezuela, que dejaron graves daños en la infraestructura y miles de personas afectadas, han vuelto a poner el foco sobre la importancia de la prevención sísmica en países ubicados en zonas de alta actividad tectónica como el Perú. Aunque un terremoto de gran magnitud no puede predecirse con exactitud, los especialistas coinciden en que sus consecuencias sí pueden reducirse mediante una adecuada planificación y construcción de las edificaciones.
En el caso peruano, el Instituto Geofísico del Perú (IGP) ha advertido en diversas oportunidades que la costa central mantiene una importante acumulación de energía sísmica, por lo que la ocurrencia de un sismo de gran magnitud continúa siendo un escenario esperado. Frente a ello, la preparación de las ciudades y de las viviendas se convierte en un aspecto clave para proteger la vida de la población.
Lejos de centrar el debate únicamente en las características del terreno, expertos sostienen que existen otros factores igual o incluso más importantes para determinar cómo responderá una edificación durante un movimiento telúrico.

La calidad de la construcción puede marcar la diferencia
Para Cristian Morales, fundador y gerente general de Nova Hábitat, el comportamiento de una edificación frente a un terremoto depende de una combinación de elementos. El diseño estructural, la calidad de los materiales, la correcta ejecución de la obra y una supervisión técnica adecuada son factores que influyen directamente en la seguridad de las construcciones.
Uno de los mayores desafíos que enfrenta el país sigue siendo la autoconstrucción, una práctica que muchas familias adoptan debido a limitaciones económicas y que, en numerosos casos, se realiza sin asesoría profesional. Esta situación incrementa la vulnerabilidad de las viviendas frente a un evento sísmico y pone en riesgo a quienes las habitan.
A ello se suma la necesidad de fortalecer la fiscalización de las obras y garantizar que los procesos de otorgamiento de licencias y certificados de seguridad se desarrollen con criterios estrictamente técnicos, transparencia e independencia. Para los especialistas, priorizar el ahorro por encima de la calidad de los materiales o de la mano de obra especializada puede traducirse en consecuencias graves cuando ocurre un terremoto.
La prevención comienza mucho antes de que ocurra un sismo
Los expertos coinciden en que la prevención sísmica no empieza cuando la tierra tiembla, sino desde el momento en que se diseña una vivienda o un edificio. Cumplir con las normas técnicas vigentes, realizar inspecciones rigurosas y promover una cultura de construcción responsable son medidas fundamentales para reducir los daños ante un eventual gran sismo.
Además, fortalecer la labor de las autoridades encargadas de supervisar las edificaciones y fomentar una mayor conciencia ciudadana sobre la importancia de construir de manera segura contribuirá a disminuir la vulnerabilidad del país frente a futuros eventos naturales.
Como señala Morales, el próximo gran terremoto no puede evitarse, pero sí es posible minimizar sus efectos si las edificaciones son diseñadas, construidas y supervisadas bajo estándares adecuados. En ese sentido, la prevención deja de ser una respuesta ante la emergencia para convertirse en una responsabilidad compartida entre el Estado, el sector construcción y la ciudadanía.

