La Torre Interbank cumple 25 años y lo hace como algo más que la sede de uno de los principales bancos del país. Desde su inauguración en 2001, el edificio se ha convertido en un hito urbano y en un símbolo de la arquitectura corporativa contemporánea en Lima.
Levantada en un punto estratégico de la Vía Expresa, la torre marcó un antes y un después en la forma de concebir los espacios empresariales. Su presencia no solo redefinió el paisaje de la zona, sino que también introdujo estándares internacionales de diseño, eficiencia y expresividad arquitectónica.
Detrás de su creación hubo una decisión ambiciosa: Interbank convocó a un concurso internacional para diseñar su nueva sede. El ganador fue el arquitecto austríaco Hans Hollein, Premio Pritzker en 1985, considerado uno de los mayores referentes de la arquitectura mundial.
Hollein encontró inspiración en el Perú. Tras recorrer distintas regiones del país, quedó impactado por la arquitectura incaica, influencia que se refleja en la base sólida de piedra que remite a Sacsayhuamán y en la volumetría circular inspirada en las chullpas de Sillustani.
La construcción tomó cerca de tres años y fue posible gracias al trabajo de más de 500 profesionales y técnicos peruanos. El proyecto despertó interés internacional y atrajo a estudiantes y académicos europeos, que viajaron a Lima para conocer de cerca una obra que combinaba tradición y modernidad.
Con 20 pisos y 88 metros de altura, la torre destaca por su silueta inclinada, que evoca una vela al viento. Su fachada, recubierta por 14 kilómetros de tubos de titanio, y su voladizo de 16 metros suspendido, representan uno de los mayores desafíos de la ingeniería peruana de su tiempo.
A 25 años de su inauguración, la Torre Interbank sigue siendo un referente del desarrollo urbano de Lima. Su diseño visionario y su diálogo con la identidad cultural del país confirman que la arquitectura también puede contar historias que trascienden generaciones.

