Una práctica que muchos consideran inofensiva se ha convertido en una preocupación sanitaria en Lima. Un estudio de Ipsos Perú revela que el 60% de limeños se automedica sin consultar a un profesional de salud, una cifra que expone la normalización de una conducta que puede traer consecuencias serias.
La encuesta, presentada durante el lanzamiento de la nueva carrera de Farmacia Técnica de Cibertec, también mostró un dato que refleja los cambios de la era digital: el 30% de los consultados afirmó que utiliza herramientas de inteligencia artificial para decidir qué medicamento tomar. La rapidez y el fácil acceso a información fueron las principales razones, señaladas por el 89% de quienes recurren a estas plataformas.
Sin embargo, especialistas advierten que la inmediatez no reemplaza el criterio médico. Juan Carlos Infante, director de la Facultad de Salud de Cibertec, explicó que la automedicación puede derivar en errores de dosificación, reacciones adversas, resistencia a los antibióticos e incluso retrasos en diagnósticos oportunos. “Lejos de ser ocasional, se ha integrado a la rutina como primera respuesta ante el malestar”, sostuvo.
El estudio también evidenció otros comportamientos de riesgo: seis de cada diez personas comparten medicamentos con familiares o amigos cuando presentan síntomas similares, y tres de cada diez no revisan siempre la fecha de vencimiento antes de consumirlos. Estas prácticas incrementan la posibilidad de interacciones peligrosas y reducen la efectividad de los tratamientos.
Para los especialistas, el problema no radica únicamente en el acceso a la información, sino en la interpretación. En un contexto donde las respuestas parecen estar a un clic de distancia, la orientación profesional resulta clave para verificar interacciones, ajustar dosis y confirmar diagnósticos. Una recomendación mal entendida advierten puede tener consecuencias graves.
Frente a este panorama, Cibertec subrayó la importancia de fortalecer la educación sanitaria y el rol del profesional en farmacia como puente entre el paciente y el uso seguro de medicamentos. La tecnología puede ser una aliada, pero nunca debe sustituir la evaluación clínica ni el consejo experto cuando se trata de la salud.

