A propósito de la infidelidad

En su columna para Magacín 247, la sexóloga Patricia Espinoza nos habla sobre la infidelidad, por qué ocurre esto y si todos son propensos a engañar a la pareja.

Infidelidad
La infidelidad es una decisión (Foto: Pexels)

En estos últimos días se ha hablado tanto sobre la infidelidad, por televisión, radio, por las diferentes redes sociales, he leído tantas cosas, sobre todo, desde una mirada “juzgadora”.

Siempre hemos sabido que si tenemos una relación de casados o no con alguien, el iniciar cualquier tipo de contacto con un otrx será visto como un acto de infidelidad, pero ¿Por qué ocurre esto?; ¿Sera que todxs de alguna forma son infieles?; ¿Qué es lo más terrible de pasar por esto?

Me arriesgo a interrumpir a mi pareja con la pregunta sobre si me perdonaría una infidelidad, me arriesgo más porque parece muy entretenido viendo cómo juegan el Manchester City con Real Madrid, creo que el marcador me favorecerá para su buen humor.

Su respuesta es contundente: “¡NO! Porque ya no podría confiar en ti, por más que me jures y me rejures que no volvería a pasar” Siento que su respuesta es muy impulsiva, insisto y pregunto qué exactamente él consideraría una infidelidad. “¡Un beso!, ¡Un abrazo!, ¡Un encuentro sexual!”, me dice. ¿Y si no hubiera contacto, si solo es por teléfono o por las redes? Vuelvo a preguntar. “Si no hubiera contacto y si no estuviera en el país creo que no tendría problema…Me sonrió pensando que al menos no todo es un ¡No!”.

Entonces si yo ya sé que esa conducta le molestaría mucho y dañaría a mi pareja y lo hiciera, ¿Por qué lo haría? – Y probablemente por que no me importen sus sentimientos o piense que en el fondo no lo lastimaría si “no se entera”.

Y es que así comienza esto, creemos que la persona que tenemos como pareja quizá NUNCA se enterará, por lo tanto, no hay daño. Podría ser que creamos que no nos dan la atención que merecemos y encontramos en un otrx mayores atenciones, o el saber que estamos “viviendo” una “aventura” es lo que nos genera más adrenalina y por lo tanto más ganas de seguir en este secreto.

Por lo tanto, engañar a alguien es una decisión no un accidente, no es algo que no sabíamos que iba a pasar, sabemos que pasará, pero queremos pensar que todo saldrá bien y no medimos las consecuencias. Cuando respetamos a alguien, más allá de “amarlo”, no lo dañamos a propósito.

Hay parejas que llevan una vida sexual abierta y son felices, pero eso existe por un consenso, no todas las parejas viven bajo las mismas reglas. No todas las parejas son sanas emocionalmente, existe una gran incapacidad para la comunicación (aunque parece todo lo contrario cuando leemos las redes) vivimos mucho dolor porque desconocemos qué es el afecto (y aquí no hablamos solo de las parejas, hablamos de la soledad, del sufrimiento por la pérdida de un ser querido, por el aislamiento).

Entonces podríamos entender la infidelidad como un síntoma de la fractura emocional que vive el ser humano o como una revolución en la que decide participar voluntariamente para expresar su rechazo a la monogamia impuesta por una sociedad que vive una doble moral.

Por mi parte, trataré de seguir comunicándome con mi pareja y ver si llegamos a algún consenso que no sea tan restrictivo.

Hasta el siguiente número.

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