En el marco del Día Internacional de la Niña, la discusión sobre el futuro laboral de las adolescentes vuelve a poner sobre la mesa una profunda brecha de género en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés). De acuerdo con un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) basado en la prueba PISA, en América Latina solo el 14% de las mujeres de 15 años aspira a laborar en estos sectores, frente al 26% de los varones. En el Perú, esta disparidad de expectativas resulta aún más preocupante al superar los 15 puntos porcentuales.
Frente a este escenario, Silvana de los Heros, gerente de Asuntos Corporativos de Zegel, enfatiza que las oportunidades profesionales no se improvisan al terminar el colegio, sino que se construyen progresivamente desde la educación secundaria. Para la especialista, la orientación vocacional debe evolucionar hacia un proceso activo que acerque a las estudiantes a industrias y opciones que muchas veces desconocen o descartan por estereotipos sociales.
«Antes de preguntarles qué carrera van a estudiar, debemos darles oportunidades para descubrir qué pueden hacer. Conocer a una profesional, participar en un taller o desarrollar un proyecto puede acercarlas a un camino que no habían considerado. Lo importante es que puedan elegir por sus intereses y capacidades, sin descartar opciones por ser mujeres», sostiene de los Heros.
Para transformar este panorama desde el entorno familiar y educativo, la vocera de Zegel comparte cinco recomendaciones clave dirigidas a padres y educadores. La primera pauta consiste en dialogar abiertamente sobre sus intereses antes de exigirles la elección de una carrera. Escuchar qué actividades disfrutan y qué problemas de su entorno les gustaría resolver permite explorar alternativas de forma natural, sin la presión de tomar decisiones definitivas ni proyectar las expectativas de los adultos.
En segundo lugar, resulta indispensable acercar a las adolescentes a experiencias prácticas mediante talleres escolares, visitas guiadas o cursos introductorios de programación, ciencias y diseño digital. Probar estas herramientas en la práctica les permite experimentar de primera mano en qué consiste cada disciplina y descubrir vocaciones tempranas antes de descartarlas por falta de contacto.
Asimismo, la especialista destaca la importancia de visibilizar referentes femeninos en diversos sectores del mercado. Poner a las jóvenes en contacto con mujeres técnicas, ingenieras o profesionales del ámbito tecnológico les permite imaginarse ocupando esos mismos espacios, comprendiendo el día a día de su trabajo, su proceso de formación y los desafíos que lograron superar en sus carreras.
Un cuarto aspecto crucial es evitar transformar una dificultad académica puntual en una etiqueta permanente. Si una estudiante presenta complicaciones en materias como matemática o ciencias, lo adecuado es brindarle el apoyo pedagógico necesario en coordinación con sus docentes. Frases limitantes como «los números no son para ti» deben erradicarse por completo, priorizando el reconocimiento de sus avances en el proceso de aprendizaje.
Finalmente, la experta aconseja explorar juntas las distintas rutas de formación técnica y universitaria, evaluando el campo laboral, los costos, la duración y las becas disponibles. Al conectar los intereses reales de las jóvenes con opciones formativas viables y sin sesgos de género, las familias contribuyen a cerrar una brecha histórica y a construir un mercado laboral con mayor equidad.

