Netflix estrena este 6 de febrero «Salvador», la nueva serie creada por Aitor Gabilondo (Patria), una ficción que promete abrir debate por el tema que aborda a lo largo de sus ocho episodios. La producción se adentra en una realidad incómoda y vigente, marcada por la radicalización juvenil y la influencia de los discursos de odio.
La historia sigue a Salvador, interpretado por Luis Tosar, un técnico de emergencias cuya vida se quiebra al descubrir que su hija Milena forma parte de un grupo ultra denominado White Souls. En ese entorno también aparece Julia, personaje de Claudia Salas, lo que desencadena una espiral de violencia, miedo y conflictos morales.
Con motivo del estreno, Tosar y Salas conversaron con «SensaCine» sobre el tono de la serie, que muchos espectadores perciben más cercana a un documental que a una ficción tradicional. Tosar aclara que «Salvador» es “ficción pura”, pero anclada en una realidad reconocible para implicar emocionalmente al espectador sin la distancia que impone el género documental.
Claudia Salas coincide y señala que ese realismo nace de un profundo trabajo de documentación y respeto hacia los personajes. “Es un piropo que digan que parece un documental”, afirma, subrayando que la serie no retrata a una organización específica, sino que recoge rasgos comunes de varias realidades extremistas actuales.
El proceso de investigación fue clave para el elenco. Tosar destaca el acompañamiento constante de asesores médicos durante el rodaje, además de un trabajo previo sobre adicciones y conflictos sociales. En cuanto al universo ultra, reconoce que basta observar la realidad digital para comprender su alcance.
Uno de los aspectos más potentes de «Salvador» es la ambigüedad de sus personajes. Tosar defiende que el ser humano vive en contradicción permanente, mientras que Salas remarca la importancia de eliminar el juicio para comprender y representar estas realidades con honestidad y profundidad.
Ambos actores coinciden en el mensaje final que esperan dejar en el público: provocar conversación. Salvador no busca respuestas cerradas, sino despertar el diálogo, la reflexión colectiva y la inquietud por lo que ocurre “en la casa de al lado”, en una sociedad cada vez más fragmentada.

