Pepsi vuelve a sacudir el tablero de las bebidas gaseosas y esta vez lo hace tocando uno de los símbolos más icónicos de su eterno rival. La marca ha decidido apropiarse del oso polar, una figura históricamente asociada a Coca-Cola, para lanzar una provocadora estrategia que reaviva la competencia entre ambas compañías.
A través de una nueva campaña, Pepsi presenta al oso polar en un contexto completamente distinto al clásico imaginario navideño que Coca-Cola ha construido durante décadas. Lejos de la ternura familiar y la nostalgia, el animal aparece vinculado a una estética más moderna, irreverente y alineada con el ADN joven de Pepsi, reforzando su mensaje de frescura y ruptura con lo tradicional.
Esta jugada no es casual. El oso polar ha sido uno de los activos emocionales más fuertes de Coca-Cola desde los años 90, convirtiéndose en un símbolo de unión, invierno y celebración. Al reutilizarlo desde otra narrativa, Pepsi no solo busca captar atención mediática, sino también cuestionar la “propiedad simbólica” de los íconos dentro del branding global.
En redes sociales, la campaña no pasó desapercibida. Usuarios y expertos en marketing han debatido si se trata de una estrategia audaz o de una provocación directa que roza la parodia. Sin embargo, lo que queda claro es que Pepsi logró su objetivo principal: generar conversación y posicionarse nuevamente como la marca que se atreve a desafiar a su histórico competidor.
Con esta acción, la llamada “guerra de gaseosas y marca” demuestra que sigue más viva que nunca, trasladándose ahora al terreno simbólico y emocional, donde las marcas ya no solo venden productos, sino significados, recuerdos y territorios culturales.

