Evea Ecofashion: “Quisimos seguir porque trabajamos con 59 familias de la selva amazónica”

Magacín 247 conversó con Jorge Cajacuri, uno de los fundadores de Evea Ecofashion, un emprendimiento que busca conservar los bosques y empoderar a las familias de la selva.

Evea Ecofashion, un emprendimiento que busca generar bienestar social y ambiental. (Foto: Difusión)

Evea Ecofashion, nació como un proyecto de tesis en 2014. Jorge Cajacuri, en ese entonces era estudiante de diseño en la Católica, cuando junto con unos socios decidió emprender este viaje que terminó en la creación del emprendimiento que vende ahora al por mayor moda sostenible buscando generar bienestar social y ambiental.

Cuando llegó la pandemia, uno de sus socios se fue. Durante un tiempo lo único que los mantuvo en pie fueron aquellas familias nativas del departamento de Amazonas, que dependían de ellos. Pues trabajan directamente con ellos, ya que, están a cargo de recolectar el látex del árbol del caucho, mediante un proceso ancestral para convertirlas después en suelas de calzado.

Y es que en el país, uno de los principales problemas de la Amazonia es la deforestación. En el Perú, se deforestan alrededor de 150 000 hectáreas de bosques, por distintos motivos. Aunque el 90% de estos se da por sembríos inadecuado.

Magacín 247 conversó con uno de los creadores de Evea Ecofashion, Jorge Cajacuri para conocer la historia detrás de este emprendimiento que crece a pasos agigantados desde pandemia y ahora ya exporta al extranjero.

¿Qué hacen exactamente ustedes con Evea Ecofashion?

Lo que hacemos nosotros es trabajar con estas familias que recolectan el látex del árbol sin talar el árbol, sin perjudicarlo, respetando sus ciclos y ese látex ellos lo convierten en unas láminas, como un jebe. Este material, ya en Lima lo convertimos en suelas para calzado, o en calzado, o en sandalias, o en pantuflas.

Cuando empezaron ¿Qué fue lo más difícil?

Lo primero fue que teníamos que crear conexiones con estas comunidades, con estas asociaciones y familias. Fue un trabajo de un tiempo de tener esas conexiones, felizmente al inicio, sí fuimos apoyados por algunas organizaciones…el éxito de trabajar con una comunidad es qué tan organizada está y qué tan responsable es.

¿Recuerdas la primera familia que visitaron?

La primera fue en Iquitos como a dos horas de la ciudad en bote hay una familia, por ejemplo, que trabaja el tema del caucho silvestre, nos conocemos desde hace mucho tiempo. También con una asociación de shiringueros del departamento de Madre de Dios.

Esto les genera un buen ingreso económico para estas familias además…

Sí, exacto, con el trabajo de la shiringa, estas personas pueden ganar hasta 3 veces más en un tiempo corto. Es un dinero muy importante porque ellos los utilizan, en tema de salud, alimentación, educación de sus hijos, ropa, entre otras cosas.

A algunos les despierta quizás el emprendedor que tienen dentro…

Las personas empiezan a ahorrar y  a hacer pequeños negocios, por ejemplo, hacer una tienda de abarrotes en su pueblo, donde venden leche, azúcar. Y eso es una manera de que haya una movilidad económica en su zona. Algunos invierten su dinero en hacer botes como peque-peques y sirve para transportar personas o transportar pequeños paquetes.

Con la tala ilegal y el narcotráfico ¿Cómo ha sido para ustedes mantenerse en esa zona?

Tenemos un aliado en zona, que es el Sernanp, y que dada la dinámica muy interesante de Evea, donde se involucran 3 actores, que es uno la comunidad nativa por medio de la asociación; el estado por medio de Sernanp; y la empresa. Esa trinidad es lo que está permitiendo que esto funcione.

La primera vez que llegaron hasta allí ¿Cómo fueron recibidos?

Felizmente llegamos a un lugar donde había un interés. Muchos de ellos ya conocían la shiringa, por lo que fue la fiebre del caucho, en tiempos pasados aún quedan rezagos de gente que tiene las prácticas del látex, cada vez se ha ido perdiendo más, pero hemos podido encontrar personas interesadas, principalmente porque es un trabajo que ellos pueden hacer, es un trabajo complejo y es un trabajo de artesanal.

Y en Lima ¿Cuándo empiezan a vender?

A fines 2017 empecemos ya a comercializar el calzado, aprendiendo también porque el calzado no es un rubro que nosotros dominábamos en ese momento. Entonces tuvimos que aprender, conocer proveedores, conocer formas de trabajo y ahí fuimos mejorando el diseño. 

La llegada de la pandemia ¿Cuánto les afecto?

Bastante la verdad, nos cogió justo en un momento en el que estábamos empezando ligeramente a crecer y nos cambió todos los planes. Por ejemplo, un socio se retiró de la empresa, las deudas que tuvimos con el banco se tuvieron que mantener, el tema de que no se podía vender nada.

Hasta que se abrió todo…

No es que inmediatamente de las empresas abrían, todos los proveedores o la gran mayoría estaban cerrados. Tuvimos que buscar más, replantearnos muchas cosas. Recuerdo que sacamos por agosto que está un poco el frío, unas pantuflas, como diciendo bueno, a ver qué pasa. Y nos fue muy bien, la gente le encantó y vendimos bastantes y eso nos levantó la moral un poco.

Y después ¿Qué otro calzado sacaron?

Luego sacamos sandalias para verano que también nos fue muy bien y justo en esa época nos contactó una empresa canadiense, que nos pide una colección de sandalias bastante grande. Y de eso nos dijimos, vamos a seguir luchando porque creo que y más que nada, la razón por la que quisimos seguir es que nosotros trabajamos con 59 familias de la selva amazónica. Y era claro, tirar la toalla también con ellos.  

Claro, y de esto también sale las paradojas de la vida, puesto que empezaron a exportar…

Sí, eso nos alegra mucho porque nos dio muchas pilas. Y vemos que hay una respuesta del mercado. Sobre todo podemos mantener el impacto. Ahorita en conversaciones también con las comunidades para también a ellos aumentar el pago.

Hoy en día ¿Cuentan con un taller?

Acá tenemos la oficina que estamos en Jesús María y trabajamos procesos. Por ejemplo, el tema de la suela, tenemos unos proveedores que la que trabajamos. Y tenemos aparte un taller que nos produce nuestro calzado, por ejemplo. Trabajamos con unos artesanos lo que son sandalias, entonces tenemos talleres y artesanos con las que trabajamos y empresas que nos hacen determinados procesos. No tenemos una planta propia todavía. 

Pero piensan en un futuro hacerlo…

Queremos tener un espacio de trabajo de determinadas áreas. Sí queremos hacerlo, pero yo creo que eso todavía tomará un par de años.

¿En dónde los podemos encontrar, además de sus redes sociales?

Cuando se trata, de productos para personas, tenemos la empresa CaxacoriStudio que vendemos calzado, zapatos con algodón orgánico reciclado, siempre con caucho silvestre con fibras. Y tenemos la empresa Evea, que es la que se encarga de comercializar ya producciones grandes, a empresas que quieren desarrollar un producto, empresas que quieren adquirir una cantidad de suela, de plantas, sandalias, un poco más al por mayor. 

¿Qué mensaje le darías a aquellas personas que, como tú, realizaron en este caso un proceso de investigación y se quedaron sólo en eso y no se atrevieron a innovar? 

La idea es persistir. Bueno, yo siempre he escuchado algo que te aconsejan persistir en tu proyecto y claro uno a veces no entiende, pero en realidad es que tiene mucho de cierto y persistencia significa trascender buenos y malos momentos un emprendimiento. Otra cosa que es importante también para todo lo que es el impacto sostenible o empresas sostenibles, es que el equilibrio que tiene que haber entre lo que es rentabilidad y sostenibilidad. Entonces un producto o una empresa sostenible tienen que ser rentable, porque si no es rentable, en poco tiempo va a cerrar y es preferible a veces este tener ese equilibrio.

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