Día del Pollo a la Brasa: Chef Diego Flores revela que el secreto de este plato empieza antes de encender el fuego

En el marco del Día del Pollo a la Brasa, Diego Flores, chef de La Pollerona, explica que el éxito de este emblemático plato peruano depende de la calidad de los insumos, una marinada tradicional y rigurosos procesos de preparación.

Cada tercer domingo de julio, millones de peruanos celebran el Día del Pollo a la Brasa, una fecha que rinde homenaje a uno de los platos más representativos de la gastronomía nacional. Su aroma inconfundible, la piel crocante y el sabor ahumado lo han convertido en una tradición que reúne a familias y amigos alrededor de la mesa.

Sin embargo, detrás de cada porción existe un trabajo que muchas veces pasa desapercibido para el comensal. Para Diego Flores, chef de La Pollerona, el éxito de un buen pollo a la brasa no depende únicamente de la cocción, sino de un proceso que inicia mucho antes de encender el fuego.

El especialista sostiene que la calidad final del plato está ligada a una serie de decisiones previas, desde la selección de los ingredientes hasta el respeto por una receta cuidadosamente perfeccionada a lo largo de los años. «Un buen pollo a la brasa empieza mucho antes de encender el fuego», asegura el chef, resaltando la importancia de cada etapa del proceso.

La importancia de la marinada y los insumos

Uno de los elementos más importantes para conseguir un sabor memorable es la marinada. En el caso de La Pollerona, esta preparación mantiene viva una receta familiar que se ha convertido en parte esencial de la identidad de la marca.

De acuerdo con Flores, el objetivo es lograr un pollo que conserve características muy definidas: una piel dorada y crocante, carne jugosa y un delicado toque ahumado que potencie la experiencia gastronómica.

Además, el chef enfatiza que el primer paso para alcanzar un producto de calidad es trabajar con insumos cuidadosamente seleccionados. Para él, la diferencia entre un pollo común y uno excepcional radica en la combinación de una materia prima de primer nivel y una técnica de cocción ejecutada con precisión.

«La calidad del producto es lo principal, seguida de una técnica bien pulida que permita obtener un pollo crujiente por fuera y jugoso por dentro», explica.

El trabajo detrás de cada plato

Aunque el cliente solo ve el resultado final, detrás de cada preparación existe un permanente trabajo de control y estandarización. Mantener el mismo sabor y calidad en cada servicio requiere procesos rigurosos que, en muchas ocasiones, pasan inadvertidos.

Para el chef, la consistencia es uno de los mayores desafíos de cualquier restaurante especializado en pollo a la brasa. Desde el tiempo de marinado hasta la temperatura de cocción, cada detalle influye directamente en el producto que llega a la mesa.

Con esta filosofía, La Pollerona también ha decidido ampliar su propuesta gastronómica incorporando nuevos acompañamientos para quienes buscan alternativas más allá de las tradicionales papas fritas. Entre las opciones destacan el fettuccine a la huancaína, el arroz chaufa, el fettuccine al pesto y las papas provenzal, preparaciones que complementan y elevan la experiencia del plato principal.

Actualmente, Flores define a La Pollerona como un restaurante especializado en pollos a la brasa y parrillas, una evolución que mantiene intacta la esencia de la marca mientras apuesta por una propuesta culinaria más amplia y una atención cada vez más cuidada.

A nivel personal, el chef considera este proyecto como un importante reto profesional, guiado por una filosofía que resume en dos conceptos: pasión y excelencia, principios que busca transmitir en cada plato y en cada experiencia que viven los comensales.

En una fecha tan significativa para la gastronomía peruana, el mensaje del especialista es claro: el pollo a la brasa no solo se disfruta por su sabor, sino también por la dedicación, tradición y técnica que existen detrás de cada preparación.